Opinión|| Morelos y los jóvenes de la UAEM también necesitan “Lomitos” de asistencia para sanar

Por: Verónica Bacaz

Después de una tragedia como la que han vivido los estudiantes de la UAEM por el feminicidio de cuatro de sus compañeras, las autoridades piensan —como debe ser— en investigar, detener a los responsables y garantizar seguridad.

Pero hay otra pregunta que también merece respuesta: ¿qué hacemos con quienes se quedan con el miedo, el duelo y el trauma?

Después del feminicidio de Claudia Tacoronte Aguilera, estudiante española de 21 años que realizaba un intercambio académico en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, esa pregunta cobra especial relevancia.

La UAEM activó atención psicológica con los profesionales de la institución para sus estudiantes. Es necesario. Pero quizá Morelos podría hacer algo más.

Ejemplo: Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, perros entrenados para búsqueda y rescate trabajaron junto a policías, bomberos y voluntarios en la zona de las Torres Gemelas. Con el paso de los días ocurrió algo inesperado: los trabajadores comenzaron a acercarse a ellos para acariciarlos, abrazarlos y encontrar unos minutos de calma en medio de aquella tragedia.

Después se incorporaron perros entrenados específicamente para brindar acompañamiento emocional.

De ahí surge una práctica conocida como Animal-Assisted Crisis Response (AACR), o Respuesta Asistida con Animales ante Crisis: perros de terapia, acompañados por personal capacitado, que ofrecen contención emocional después de acontecimientos traumáticos. No sustituyen a los psicólogos; complementan su trabajo.

Otro caso también similar fue en los atentados del Maratón de Boston el 15 de abril de 2013 llegaron lomitos de asistencia y de confort.

¿Por qué no hacerlo en Morelos?

¿Por qué no llevar perros de terapia certificados a la UAEM para acompañar a estudiantes que están procesando el miedo y el duelo por lo ocurrido?

Y la propuesta podría ir más allá de la universidad incluso para todo el estado.

Porque la violencia no solamente deja víctimas directas. También deja comunidades heridas.

El Gobierno de Morelos o bien la UAEM podría impulsar un programa piloto de Respuesta Asistida con Animales ante Crisis, coordinado con especialistas en salud mental, que pudiera activarse después de feminicidios, desastres u otros acontecimientos que generen trauma colectivo.

No se trata de sustituir la justicia por una caricia.

Ni de minimizar una tragedia.

Se trata de entender que la seguridad también implica cuidar las heridas que deja la violencia.

A veces, después de una tragedia, alguien necesita hablar.

A veces necesita llorar.

Y a veces, durante unos minutos, solamente necesita sentarse junto a un perro y sentir que el mundo puede volver a ser un lugar tranquilo.

Morelos necesita justicia. Necesita seguridad. Y también necesita aprender a sanar.

El Gobierno de Morelos o la propia UAEM podría impulsar un programa piloto de Respuesta Asistida con Animales ante Crisis, coordinado con especialistas en salud mental, que pudiera activarse después de feminicidios, desastres u otros acontecimientos que generen trauma colectivo.

No se trata de sustituir la justicia por una caricia.

Ni de minimizar una tragedia.

Se trata de entender que gobernar también significa hacerse cargo de las heridas que no aparecen en una carpeta de investigación.

Porque después de que se apagan las sirenas, termina el operativo y las cámaras se van, queda la gente.

Quedan los estudiantes.

Quedan las familias.

Queda el miedo.

Y si desde el 11-S aprendimos que un perro puede convertirse, por unos minutos, en un refugio emocional para alguien que acaba de atravesar una tragedia, ¿por qué Morelos no habría de aprender también?

La seguridad es indispensable.

La justicia, irrenunciable.

Pero sanar también debería ser una responsabilidad de Estado.