La ambición sin límites de Rafael Reyes ahora quiere imponer a su junior no conforme con haber colocado a su hermana y cuñado 

Por: Verónica Bacaz

Mientras Morena presume una nueva etapa basada en la ética pública y el combate a las viejas prácticas de la política, hay personajes que parecen empeñados en demostrar exactamente lo contrario.

El diputado local morenista Rafael Reyes Reyes, quien ya gobernó en dos ocasiones el municipio de Jiutepec, vuelve a colocarse en el centro de la polémica. Tras dejar una administración señalada por presuntas afectaciones a las finanzas municipales y un manejo cuestionado de los recursos públicos, ahora busca mantener el control político del municipio mediante la promoción de integrantes de su propia familia.

La intención de impulsar a su hijo, conocido como “Rafita” Reyes, para ocupar una regiduría, además de respaldar la llegada de su cuñado, David Ortiz, a otro espacio de representación, refleja una visión patrimonialista del poder, donde los cargos públicos parecen concebirse como una herencia familiar y no como una responsabilidad conferida por la ciudadanía.

Este tipo de decisiones contrastan con los principios fundacionales de Morena y con el discurso que ha sostenido la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien ha insistido en desterrar el nepotismo, el influyentismo y el llamado “agandalle” dentro del movimiento.

La sociedad espera que los espacios públicos se asignen con base en méritos, trayectoria y capacidad, no por vínculos de sangre o intereses familiares. Cuando un grupo político concentra posiciones para familiares cercanos, se envía un mensaje de exclusión hacia la militancia que ha trabajado durante años esperando una oportunidad legítima.

Morena enfrenta el reto de demostrar que sus principios no son únicamente un discurso de campaña. Casos como el de Jiutepec ponen a prueba la congruencia del movimiento y obligan a preguntarse si realmente existe voluntad para frenar las prácticas que durante décadas fueron criticadas en otros partidos.

Porque el poder no debería heredarse, repartirse entre familiares ni convertirse en patrimonio de un solo grupo político. Si Morena pretende mantener la confianza ciudadana, tendrá que demostrar con hechos que nadie está por encima de los principios que dice defender.

Prueba de ello, es que “Rafita” Reyes junior ya presentó su intención de ser candidato a regidor tan es así que lo presumió en redes sociales al aparecer con la dirigente Mirsa Suárez Maldonado, que bien debería recordarle al vástago del coordinador de la bancada del partido guinda en el Congreso del Estado, que hay una acción en la que incurre y es la práctica de nepotismo tanto por su padre, -que ha colocado a toda su parentela en el poder- tanto por él mismo al saberse hijo del impresentable legislador.  

Mal por Mirsa Maldonado por no hacer valer la política de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo de evitar este tipo de comportamientos mal vistos por la sociedad y que le restan credibilidad a la “cuarta transformación”.