Por: Verónica Bacaz
El reclamo de la gobernadora Margarita González Saravia a los integrantes de la Mesa de Construcción para la Paz y la Seguridad no fue un simple llamado de atención. Fue la evidencia de que algo no funciona en la estrategia de seguridad de Morelos. Cuando la propia titular del Ejecutivo reconoce su molestia por haberse enterado de una masacre que dejó tres muertos y nueve heridos en Yautepec alrededor de 25 minutos después de que ocurrió, el problema deja de ser únicamente la violencia y se convierte también en una crisis de coordinación y comunicación.
Mientras millones de mexicanos celebraban el triunfo de la Selección Nacional frente a Ecuador en el Mundial 2026, en Morelos la violencia volvió a imponerse. Lo ocurrido en Rancho Nuevo, Yautepec dejó personas fallecidas, varios heridos y familias enlutadas, hecho que opacó por completo la alegría futbolística que se vivía en el resto del país.
La indignación de la gobernadora exhibe una realidad incómoda: la información no está fluyendo como debería entre quienes tienen la responsabilidad de garantizar la seguridad. En un escenario donde cada minuto cuenta, recibir el reporte de un hecho de esta magnitud con tal retraso resulta inaceptable.
Es inevitable hacer comparaciones. Durante la gestión de Miguel Ángel Urrutia al frente de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana existía una comunicación mucho más ágil. Se distinguía por contar con información fina, conocer los movimientos relevantes prácticamente en tiempo real y mantener informada a la titular del Ejecutivo con oportunidad. Esa capacidad de reacción permitía tomar decisiones inmediatas y transmitir certeza en momentos críticos y atajar las noticias falsas o fake News.
Hoy, esa coordinación parece haberse perdido. Ni el general José Luis Bucio Quiroz, ni la vocera Sara Olivia Parra Parra Téllez, ni el secretario de gobierno, Edgar Maldonado han logrado consolidar un sistema de comunicación y respuesta que esté a la altura de las exigencias que enfrenta Morelos.
El llamado de atención de la gobernadora no debe entenderse como un simple regaño. Es un mensaje político dirigido a quienes integran la Mesa de Seguridad y, al mismo tiempo, una advertencia de que la estrategia necesita ajustes urgentes. Porque una mesa que no informa oportunamente difícilmente podrá anticiparse a los hechos y mostrar los resultados a la ciudadanía.
Los morelenses no solo exigen resultados contra la delincuencia; también demandan instituciones coordinadas, eficientes y capaces de reaccionar cuando la violencia golpea al estado. La confianza se construye con acciones, pero también con información oportuna.
El reclamo ya fue hecho. Ahora corresponde a quienes integran la Mesa de Seguridad demostrar que pueden corregir el rumbo. Porque cuando la violencia rebasa la capacidad de comunicación del propio gobierno, el problema deja de ser únicamente de seguridad y se convierte en un problema de gobernabilidad.

