#Opinión |Lo que pasó con la niña en la Luna, en Cuernavaca, me da vibras de esa rola del rock urbano: “Él no lo mató”. Porque, ¿a quién culpas?

Por: Giovanni Carriche

¿Al conductor que aparentemente tenía el semáforo en verde, iba en su carril, no a exceso de velocidad… pero manejaba una camioneta tan alta que simplemente no pudo ver a una niña de cuatro años?

¿A la mamá que la abandonó? A esa mujer que hoy todos señalan ferozmente, olvidando que viven en un país donde los números son clarísimos: millones de mujeres crecen en pobreza extrema, con acceso casi nulo a educación académica, con cero educación sexual y muchas veces con maternidades no planeadas, no deseadas, forzadas o resultado de violencia.

¿A la tía (a quien también hoy señalan sin escrúpulos), que la tenía a su cargo, pero que probablemente vive en la misma falta de oportunidades y educación que su hermana y que hoy debe estar desgarrada por dentro?

¿Al sistema que normaliza que niñas y niños tengan que bailar en un crucero para sobrevivir?

¿Al gobierno, que siempre llega tarde, pero que al final de cuentas fue elegido por un alto porcentaje de la población mexicana, quienes genuinamente lo defienden a capa y espada?

¿A la sociedad por elegir a sus actuales gobernantes y creer en un cambio que, basándose en los hechos, no ha ocurrido, pero en una amplia desesperación y hartazgo de verdad creen que va a ocurrir?

Aquí nadie gana. Buscar un culpable parece absurdo, porque es de esos casos en los que todos pierden. Y aún así, duele más pensar que la raíz del problema está tan profunda que no sabemos ni dónde atacarla para solucionarla.

La tragedia nos recuerda que vivimos en un país donde la infancia más vulnerable sigue siendo invisible. Y que si no volteamos a ver en serio las condiciones de pobreza, desigualdad y abandono que la originan, vamos a seguir llorando historias que nunca deberían repetirse.